Blog Arte, entrada # 9
Gabriela Monroy Yurrieta
Estética y Apreciación
del Arte
Película La Misión
Abril 27, 2018
La Misión.
La Misión es una película de 1986, producida por David Puttnan y Fernando
Ghia y dirigida por Roland Joffé. La fotografía
estuvo a cargo de Chris Menges y la música de Ennio Morricone.
Podemos decir que La Misión siempre será una película
digna de verse por varias razones: la grandiosidad y belleza de sus escenarios,
especialmente las cataratas de Iguazú y las selvas tropicales circundantes; la
intensidad dramática y expresiva de las imágenes y de sus personajes; y, por
último, la importancia y la calidad de la problemática que plantea: el
encuentro entre dos culturas.
Así, la acción de
la película se concentra en dos personajes que encarnan actitudes y tipos
humanos diferentes hacia los guaraníes. Uno de ellos, lineal y sereno es el
padre Gabriel (Jeremy Irons), un jesuita fundador de la nueva misión de San
Carlos, que en su servicio humano y evangelizador a los nativos no empuña la
espada en ningún momento, ni siquiera para responder a la violencia. El otro personaje, apasionado y atormentado,
es el capitán Rodrigo de Mendoza (Robert De Niro). Mendoza, primero capturador
y traficante de guaraníes, tras un drama personal, cambia de actitud, se
convierte y se hace jesuita y, finalmente, vuelve a acudir a la espada, esta
vez en defensa de los guaraníes.
De esta manera,
quiero explicar la película desde la filosofía Personalista: la visión del
mundo y de los guaraníes, así como de los conquistadores españoles y
portugueses que en el filme representan el mundo moderno que proviene de la
muerte de Dios y que es criticado por el Personalismo, ya que, en La Misión, al inicio,
se aprecia una escena en la cual un jesuita es crucificado por los guaraníes y
arrojado a las cataratas de Iguazú. En este escenario se puede apreciar un
indígena con resentimiento, con miedo, con odio debido a las condiciones que
los conquistadores impusieron y que tienen como resultado un trato indigno
hacia los nativos del lugar, porque son obligados no sólo a adoptar tradiciones
ajenas a las suyas, sino también son víctimas de un trato indigno al no ser
considerados como “persona”, situación que crea en los guaraníes la ausencia de
un Dios que no conocen, que en este caso sería la ausencia de un ser divino
desde su cosmovisión. Esta realidad los
lleva a vivir una naturaleza nihilista que desemboca en el asesinato del
jesuita, acción que carece absolutamente del respeto a la persona humana y a su
dignidad.
En el caso de los
conquistadores españoles y portugueses, específicamente en aquéllos que someten
a los guaraníes, esclavizándolos, humillándolos, cazándolos y, en ocasiones,
matándolos como si fueran animales, y que encarnan actitudes que sólo fomentan
el odio hacia ellos y hacia todo lo que representan, porque los consideran no
como un fin sino como un medio para el logro de sus objetivos. Esto se hace
evidente en toda la película, pero en sentido específico en la escena en la que
el niño guaraní canta frente a las autoridades españolas y portuguesas y es
ofendido y humillado por Don Cabeza, quien no reconoce la persona humana del
niño, que a pesar suyo es persona.
De esta manera,
específicamente en los conquistadores, las condiciones económicas, sociales,
culturales y hasta religiosas a las que se enfrentan y que ellos mismos han
creado, no permiten una reflexión sobre sus actos ni sobre su condición humana,
así como tampoco les permite desarrollar una vida interior que los ayude
madurar como personas para llegar a tener una vida con sentido que se
manifieste a través de sus actos con los guaraníes reconociendo su
dignidad. Esta situación tiene como
resultado una crisis espiritual que conlleva al nihilismo y a la “muerte de
Dios”.
La crítica del
Personalismo a esta “muerte de Dios” se hace manifiesta en la película a partir
de la deconstrucción de la realidad que asumen los conquistadores y que tiene
su origen en exaltar la idea de progreso para las colonias, pensando sólo en
sus objetivos de beneficio económico y bienestar que les impide ver a los
guaraníes como personas humanas libres y con dignidad, más que como un “eso”
como un “quien”. Así, el personaje de De Niro es un sujeto moderno que objetiva
al guaraní, y esa es la visión colonizadora.
La defensa de los
jesuitas a los guaraníes, por un lado, como sostiene Kierkegaard, se evidencia
porque reconocen que son personas humanas, seres individuales, con una esencia
a la que otorgan el sentido de persona, recuperando su valor único que conlleva
al reconocimiento de su dignidad. Los colonizadores sólo ven en los nativos un
medio para alcanzar sus objetivos y ocuparlos para su servicio, explotándolos,
con una falta de conciencia absoluta a su ser espiritual, que ignora la verdad
de la existencia al utilizarlos sólo como herramientas, incluso como
“animales”, negando su persona, su esencia y su libertad. De esta manera, los
jesuitas defienden a los guaraníes como personas humanas, primeramente, para ayudarlos
a encontrarse a sí mismos y a reconocer la verdad de su existencia, su esencia
y su libertad frente a los colonizadores, como un ejercicio constante que les
corresponde por ser “seres individuales”, con libertad plena, lo que involucra
las posibilidades de elección que tiene la persona.
Desde el punto de
vista de Mounier al respecto, el Padre Gabriel y los jesuitas defienden a los
guaraníes desde el concepto de “la persona como acto y elección”, esto es, que
los nativos tienen una dignidad intrínseca por el simple hecho de haber nacido
y que los afirma como persona humana.
Asimismo, poseen libertad para elegir desde su persona en cada uno de
sus actos, lo que deviene en el desarrollo de su dignidad que es absoluta en
ellos y, además, es su esencia, situación que los conquistadores españoles y
portugueses no advertían y los jesuitas, al defenderlos, si reconocían,
teniendo conciencia de esa libertad que los nativos debían conquistarla a
través de sus actos y no de la esclavitud y la despersonalización a la que los
sometían los colonialistas.
Así, al final de la
película, la situación dará un giro cuando ambos personajes, después de varios
años de trabajo con los guaraníes en la Misión de San Carlos, se ven
enfrentados por ideas contrarias en una intensa batalla por la independencia de
los nativos, esto es, cuando los colonizadores ordenan a los guaraníes que
abandonen la misión de San Carlos, estos deciden defender peleando todo aquello
que representa su trabajo, su valor, su persona, su libertad, su dignidad.
Mientras que Rodrigo Mendoza apuesta por su espada, el Padre Gabriel confía en
el poder de la fe y la oración. Los dos
protagonistas tienen ante sí un dilema: abandonar a los guaraníes en su lucha
por no permitir que destruyan lo que han creado o romper su voto de obediencia
y no violencia, lo que implica la decisión de matar a los colonizadores o no
hacerlo.
Cuando se presenta
la invasión de los colonizadores armados con mosquetes y cañones, el jesuita
eleva su oración a Dios, mientras que Mendoza decide enfrentarlos empuñando su
espada, de esta manera los dos personajes ponen de manifiesto la esencia de su
vocación. Ambos se enfrentan al mal inevitable y mueren.
Desde el
Personalismo, la propuesta es el respeto de la persona humana, a su libertad y
a su dignidad y todo lo que ello implica, así el sujeto debe vivir y existir en
el amor y en comunidad y desde este punto de vista, la muerte de ambos, jesuita
y Mendoza, son desde un sentido personalista, ya que el primero muere desde su
vocación y el segundo lo hace en defensa de la persona de los guaraníes y de su
dignidad.
Finalmente, retomo
las palabras de la última escena, que ponen de manifiesto el sentido
personalista del Cardenal al entender lo que han hecho los conquistadores con
los nativos y los jesuitas y en la que el Sir Hontar le dice; “no hubo
alternativa eminencia, tenemos que actuar en el mundo, el mundo es así”, a lo
que el Cardenal responde: “no, señor Hontar, así lo hemos hecho nosotros”.
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