“Una charla con Gabriel Macotela”


“Una charla con Gabriel Macotela”


El espacio de Gabriel Macotela es urbano como sus cuadros: edificios, ruido de una avenida transitada de la Roma, ladridos de perros y una motocicleta estacionada en un portón metálica pintado casi a la manera de graffiti. El Maestro a medio vestir, pide un momentito. Baja la escalera y pregunta amablemente si se me ofrece algo, voy sin previa cita, mi tarjeta de presentación: uno cuadroAfable e humilde lo mira, se sorprende ver una obra suya de hace más de cuarenta años. Me invita a pasar al estudio. Le pregunto qué opina de verse en ese tiempo: […] ya tengo muchos años pintando, pero sí, es de mis primeras cosas, todavía no hacía mi lenguaje de ahora, empezaba a pintar, pa’que te digo, fueron mis primeras cosas de estudiante. Sí me gusta, se me hace raro, es como ver tus primeros cuadros de cuando empiezas, estaba empezando hacer figura humana. Era figurativo, ahora soy abstracto. Así empecé a pintar. Debe haber sido de los Pecaninis, se ríe y dice y ¿tú donde sacaste este cuadro? Me invita a comer con a una amiga y sus perros Pitaya y Torito.
            Acompañado de un mezcal, mira de nuevo el cuadro: Hijo, ya ni me acuerdo, es óleo sobre papel, está lleno de bolas, me basaba en algo, pero que ya no me acuerdo, podía ser entre una venus, recuerdo que veía muchas pinturas, barrocas, clásica, pero algo debe de ser…una venus. Los perros lo distraen y pregunta para que quiero la entrevista…levanta los ojos al cielo y divertido dice que le recuerda la anécdota sobre Ortega y Gasset con Dominguín; donde el torero le pregunta al filósofo —¿qué es eso de la filosofía?— después de escuchar la erudita explicación y con acento de faena le dice al sabio —hay gente pa’todo.
            Cambia el tema y dice que en la noche fue al funeral de Teresa del Conde: aparte de ser divertidísima, era la última crítica, muchos artistas, toda la banda. Críticos ya no quedan después de Manrique, Tibol ya murió, ya no hay quien escriba crítica.  Habla sobre el snobsimo, la pretensión del Arte Contemporánea, y que la mercadotecnia convirtieron el arte en negocio, y de lo que le gusta la exposición permanente del “Museo de Arte Contemporáneo” en especial los cuadros de Bacon, Miró y Tàpies.
            Mira de nuevo el cuadro, levanta la mirada al cielo, y dice:  es una sensación rara, extraña, así empecé a pintar. Cuando empecé a pintar iba a mi casa Mario Moreno Flores […] me compraba mis primeras cosas, conocía a Rulfo y le dije que yo quisiera ir a conocerlo. Pasó por mí, y yo ¡ay dios mío! Rulfo iba mucho a un café en Barranca del Muerto, el Ágora. El maestro da un suspiro y continúa: Y me voy con Mario en su cochezote. Rulfo, solo, leyendo en una mesita, ése es como los dioses, y yo muerto del pánico, y mi amigo le dice — Maestro, este joven empieza a pintar— y yo nomás me quedaba viendo, y Rulfo me dice a mí  —me gusta la pintura, tengo un hijo que le gusta pintar—, Rulfo me hablaba de usted, esa costumbre de Rulfo, de campesino hablar de usted. Yo estaba en La Esmeralda; me pregunta —¿es muy bonita su pintura?— hablaba como sus cuentos —¿qué hace, cómo pinta?— yo que le digo que pinto a una modelo en el salón de clase, y él me dice — lo de ser modelo que extraña profesión.
            De ahí comienza a platicar de una indígena que era la modelo de Zúñiga: todas sus esculturas son a partir de esta modelo, una indígena maya, una señorona tremenda. La señora llegaba, y nosotros no sabíamos que era tan famosa, también fue modelo de Ricardo Martínez. El primer año nos daba pena verla desnuda, era como una venus, platicaba con el maestro mientras la pintábamos. Luego la modelo vivió muy bien porque le regalaban sus dibujos posando. Estábamos chavos, nos poníamos chiviados (ríe franco y se disculpa de no tener un diente) continúa: Total, esa tarde con Rulfo, yo me quedaba viendo al autor del “El llano en llamas” que me decía—sígale usted pintado—Me fui iluminado de haberlo conocido, amabilísimo. Se muere, yo fui al funeral en Bellas Artes, y luego me hice amigo de Pablo Rulfo; es como él, muy introvertido, pinta, me encanta lo que pinta, no lo muestra, y he visto unos cuadros muy rufianos. También habló de los oaxaqueños: Don Andrés Henestrosa y Toledo.  Riéndose cuenta sobre su cuadro en el “Hotel Saint Regis” donde lo estuvieron buscando porque la señora Yoko Ono lo quería conocer, pero él no usa celular y no lo contactaron, y con una franca carjada dice: mi grupo de rock se llama “Los enemigos de los Beatles”



         Para terminar la entrevista le pregunto sobre el estudio de “La torre de Babel”: fue una cosa terrible…en un viaje a Bruselas que me fui con Gustavo Pérez a su escuela de cerámica; que me topo con el cuadro de Brueghel; un cuadrito chiquito, no pensé que era tan chiquito, las figuritas eran así (hace un gesto con la mano y modula la voz como para enfatizar lo diminuto del cuadro). Llego a México y me puse a pensar cómo hacer interpretaciones de la Torre, luego se nos ocurrió hacer una obra musical, todos nos peleamos, yo me separé de Betsy. La maldición de Babel.






El Maestro se despide, con gran humildad firma de nuevo el cuadro de su juventud.


Por: Mercedes Rodríguez Abascal.

La Patafísica y Jarry.


“El absurdo más allá del absurdo”
Alfred Jarry  (1873-1907) y la Patafísica.

El sentido del absurdo no es nuevo, de hecho es bastante antiguo si a los mitos nos remitimos. En literatura se le puede leer en Rabelais, o en  “el bosque de símbolos” de los simbolistas, Los Cantos de Maldoror de Lautremont, por mencionar algunos.  Alfred Jarry se le puede decir que es antecesor del teatro del absurdo y creador de la Patafísica.


Pero, ¿qué es la Patafísica? difícil respuesta, podría ser la Metafísica parodiada mediante humor, rebeldía y libertad; mostrar lo inconsciente de manera consciente. Darle total libertad a las metáforas.  Los personajes de Jarry son títeres; y la comedia de Ubú circunda entre un Macbeth satirizado y un Pantagruel que pone de manifiesto la patética incomunicación del ser humano; la desmitificación del imperialismo y a la sociedad burguesa.
 La escuela patafísica se funda en los 50´s en Francia, retoman el teatro de Jarry y así sus integrantes como Ducham, Boris Vian, Queneau (entre otros) expresan patafísicamente el nihilismo existencial sin la náusea sarteana, pero sí con una crítica mordaz y satírica. Pero lo  más importante de la Patafísica, es que se olvida de la seriedad del mundo "civilizado" y siempre regresa al juego y nos invita a una carcajada sin sentido. 
    
Si está interesado en leer patafísica, puede ir al gran Boris Vian (La espuma de los días, La hierba roja, El arranca corazones, El Lobo hombre...) o los Cronopios y las Famas de Julio Cortázar (miembro de tan venerable escuela).

Por Mercedes Rodríguez Abascal.










[1] Jarry, Alfred. Todo Ubú. Barcelona:  Bruguera; 1980. 



DONDE HABITA EL OLVIDO
Bécquer, Cernuda y Sabina.


Donde habita el olvido (l932-l933) supone el cierre de la primera periodo de Cernuda. Etapa romántica, lírica y emocional. Todavía tiene huellas del surrealismo y Jernaro Talens señala que es un libro de "nihilismo absoluto".
En cuanto al tema del exilio tan sentido en toda la obra de Cernuda, ¿el olvido no es un exilio de lo pasado? ¿No es el lugar donde van los amores olvidados? El olvido es sentimiento exiliado del recuerdo, un tanto soledad, un tanto sueño, un tanto muerte.

DONDE HABITA EL OLVIDO.
             (Fragmentos)

                VI
Ni gozo ni pena; fui niño
Prisionero entre muros cambiantes;
Historias como cuerpo, cristales como cielos,
Sueño luego, un sueño más alto que la vida

                XI
No, no quisiera volver,
Sino morir aún más,
Arrancar una sombra,
Olvidar el olvido.

           …..XII
No es el amor quien muere
Somos nosotros mismos. 
[...]


       Antes de Cernuda fue Bécquer el que habitó el olvido, y  quizá la siguiente rima fue el encuentro entre estos dos bardos:

RIMA LXVI

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habita el olvido,

allí estará mi tumba.

     Si habitar el olvido no es suficiente, siempre se puede regresar a Joaquin Sabina y cantar:

Y la vida siguió
Como siguen las cosas
Que no tienen mucho sentido 
Una vez me contó
Un amigo común que la vio
Donde habita el olvido.




"Un poema para mujeres "


   CHICO WRANGLER


Dulce corazón mío de súbito asaltado.
Todo por adorar más de lo permisible.
Todo porque un cigarro se asienta en una boca
y en sus jugosas sedas se humedece.
Porque una camiseta incitante señala,
de su pecho, el escudo durísimo,
y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale.
Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas,
dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan.
Se separan.

Ana Rossetti (Indicios vehementes, l985)


¿Qué nos retrata Ana Rosetti? ¿Un anuncio de pantalones de mezclilla? o la simple admiración de un cuerpo masculino. El tiempo a pasado, ahora la mujer también se permite mirar como antes solían hacerlo los hombres. 

Ana Rosetti. (San Fernando, Cádiz, l950) Abre la brecha a numerosas mujeres que cultivan el poema erótico en estilos muy diversos y con gran riqueza de tonos y recursos. Es una de las poetas más célebres, que desde los primeros años ochenta logra reconocimiento y prestigio por un lenguaje poético único y una manera muy personal de expresar sus sentimientos en torno al amor, el placer sexual, el erotismo, la mujer etc. Como dice Sharon K. Ugalde " Rosetti logra expresar la intensidad del deseo sexual femenino al mismo tiempo que desafía sonriente la tradición de la poesía amorosa por medio de la radical inversión, mujer/sujeto, hombre/objeto"

          

Yves Klein


Exposición Yves Klein

“Es irrelevante si ya se ha hecho“[1] dice el artista Yves Klein en un diálogo grabado donde conversa consigo mismo, diálogo que nos ayuda a comprender su obra, la cual es muy peculiar.  Explica que él no quería meterse en territorio donde ya se habían metido, ni explorar lo que ya habían explorado. Tras crear el prototipo en su imaginación, lo compara con todo lo que ya ha existido, para saber si hace algo que ya se ha hecho; hasta conseguir una idea virgen. Pero una vez que tiene la idea, no puede evitar realizarse una serie de preguntas: ¿valdrá la pena? ¿será permanente? ¿tendrá un valor? ¿será verdadera? ¿necesaria? ¿bella? ¿bella y fea al mismo tiempo? ¿buena y mala? ¿completa? Al preguntarse estas cosas, siente que su pieza le responde y sabe que lo importante no es lo que crea sino en lo que cree; lo que le interesa; el análisis de sí mismo.

“Soy perfeccionista, ¿es algo malo?” se pregunta también, sabe que siempre hay un camino mejor y que estar satisfecho es una mediocridad. Esa manera de pensar dio como resultado grandes obras de arte, siendo una de las principales su obra monocromática, en la cual destaca el azul, desplazando la idea de pintar un cuadro hacia la invención de una sensibilidad pictórica, una realidad inmaterial que no está directamente relacionada con los objetos, sino con un campo de percepción y con el disfrute del vacío como producto estético.

El azul que utilizó fue uno solo, que el mismo llegó a patentar bajo el concepto Azul Internacional Klein (IKB), mismo color que utiliza en su proposición del acto pictórico como una acción corporal y carnal con la serie Antropometrías del periodo azul, donde utilizó a modelos desnudas cubiertas de pintura para dejar su cuerpo marcado en el lienzo.

Con lo antes mencionado podemos ver plasmados los pensamientos que él tiene hablando consigo mismo, ya que realiza obras originales que no se habían explorado y le da gran importancia a la sensibilidad inmaterial. Pero además realizó obras con elementos como el humo, el aire y el fuego, siendo obras que quisiéramos destacar debido al grado de interés provocado al ir a su exposición, ya que, tras conocer poco de su obra, esperábamos encontrarnos con puro azul, siendo sorpresivo encontrarnos con otros colores, que posteriormente descubrimos que no eran colores, sino que eran obras realizadas con fuego mediante un lanzallamas, provocando las quemaduras.

El fuego es un elemento peligroso y muy simbólico, el cual Yves lo describe como la representación de un futuro sin olvidar el pasado, siendo como la memoria de la naturaleza. Eso nos generó una reflexión hacia dicho elemento, siendo interesante como lo termina plasmado como una obra de arte. A demás agrega a otras de las pinturas de fuego: el color, siendo una combinación curiosa que es de buen ver.

Su obra en general parecería sencilla, pero es interesante el descubrir los materiales con los que trabaja, como, por ejemplo: pigmento seco, resina sintética, cartón quemado, hojas de oro y yeso entre otros. Podría parecer también que tiene un significado difícil de entender, pero al adentrarnos y escuchar su manera de expresarse, nos dimos cuenta de que quiere expresar sus ensoñaciones; quiere más; quiere dejar claro la importancia de analizarse a sí mismo, de expresar en lo que cree y de conocerse a sí mismo. Fue una grata experiencia el conocer su obra, pero sobre todo su manera de pensar reflejada en ella.



Yves Klein, Pintura de fuego sin título (F92), 1961. Cartón quemado montado sobre papel.

                                                 Yves Klein  Jonathan Swift (ANT 125), 1960. Pigmento y resina sintética sobre papel montado sobre tela.


Yves Klein, Pintura de fuego sin título (FC 3), 1961. Pigmento seco y resina sintética quemados sobre cartón montado sobre papel



[1] Dialogo conmigo mismo (Dialogue with myself), 1961, Audio 26’01, grabación de audio realizada por Yves lein en su departamento, 14 rue Camagne-Premiére, Paris. MUAC

El museo en el capitalismo


El museo en el capitalismo


Es sorprendente conocer el papel de los museos ya no sólo dentro del sistema del arte, sino como elemento central de la planificación de una ciudad. Nuestra reflexión gira en torno a la ciudad de París, siendo el museo una herramienta de desarrollo urbano y turístico. Se podría incluso hablar de un producto de marketing turístico, cultural y urbano. París es el principal destino turístico en el mundo con aproximadamente 30 millones de visitantes cada año y de igual modo, es un centro económico europeo importante. El 86% de los turistas visitan al menos un museo. Diego Navarrete Escobedo afirma a través de su artículo[1] que París ha intentado a partir de la década de 1970 y hasta ahora, volver al esplendor que la caracterizó en el siglo XIX. Para lograr dicho objetivo, se han enfocado en las artes y en la arquitectura; ambas expresiones convergen en los museos, tal es el caso del Centro Pompideou, considerado como el monumento genial de la modernidad.

El producto museográfico se ha adaptado cada vez más a las expectativas de un público más amplio, tras la aplicación del principio de “democratización de la cultura” desde 1960. Los museos globalizados evolucionan con la especulación sobre el mercado mundial del arte, con la fusión y la comercialización de colecciones y con la creación de franquicias museográficas de marca global. Los museos han sufrido estructuras en cuanto a es la entrada triunfal y expansiva de los espacios de consumo en la estructura espacial de los museos. Un ejemplo de ello es el Louvre, que cuenta ahora con un centro comercial subterráneo adjunto, compuesto por boutiques, librerías, zona de comida y cafeterías.

Es así como se ha iniciado la competencia entre los nuevos museos, para que el diseño arquitectónico sea cada vez más audaz, sofisticado y vanguardista en términos formales y tecnológicos tanto en los edificios como en las museografías. El diseño puede convertir al museo en el icono de la ciudad entera. A todo esto, hay que agregar que las nuevas tecnologías imponen una nueva forma de ser y de contemplar el museo, siendo ese tipo de experiencias “postmodernas” causantes del desvanecimiento de una de las actividades fundamentales del museo: la simple contemplación y el valor cultural que los objetos portan por sí mismos.

La creación de museos y espacios artísticos es vista como motor de regeneración y reestructuración urbana. Durante el último cuarto del siglo XX la rehabilitación de edificios industriales y la vitalización urbana con fines culturales se han convertido en verdaderos talismanes para conseguir financiación de los poderes públicos en las principales capitales nacionales y regionales de los países europeos y norteamericanos.

El Centro fue inaugurado en 1977, el criterio para la concepción del museo fue la construcción de un espacio artístico, cultural, de creación y educación abierto a una diversidad de públicos. Se logró por medio de una buena organización espacial y una arquitectura futurista.  Respondió a las prioridades locales de la planificación parisina, la de resolver una crisis de precariedad de la vivienda en ese barrio y la de introducir una vitalización de un área central sumamente degradada. En su momento el Centro Pompidou desató fuertes críticas como objeto urbano-arquitectónico y como objeto de consumo cultural masivo. Para varios grupos intelectuales y artísticos representaba el declive de la cultura, su muerte y el surgimiento de una contracultura negada por una arquitectura exterior.

A cuarenta años de su apertura el Centro Pompidou ha alcanzado el objetivo de acercar la cultura a las masas, también ha contribuido a la notoriedad internacional de París, atrayendo muchos visitantes. Sin embargo, no todas las áreas son gratuitas, el precio promedio de entrada es de 14 euros, por lo que sus turistas son mayoritariamente de ingresos altos. Además, sigue cada vez más las lógicas de un museo-empresa. Desde su renovación en 2000 las áreas comerciales (boutique, librería, cafetería y restaurant), toman una mayor presencia en términos de superficie con el fin de hacer más rentable la institución.

Respecto al desplazamiento de poblaciones; el resultado urbanístico de los museos que obedecen a la lógica de la revitalización urbana y económica es, tarde o temprano, una gentrificación. Así progresivamente la sociedad se polariza espacialmente y las clases acomodadas prefieren establecerse en aquellos perímetros mejor equipados culturalmente y entre sus iguales. Mientras las clases populares terminan relegadas a zonas en declive o precarizadas, cada vez más lejos de los barrios centrales preferidos por los nuevos museos.

Se podría decir que las innovaciones son reflejo de lo que ocurre en la cultura, en el arte, en el capitalismo actual, en la modernidad y en la era de urbanización contemporánea. El museo se adapta, se encuentra en constante mutación según los discursos políticos, la evolución del mercado turístico, de la economía y de las doctrinas culturales. Gracias a su valor simbólico el museo se ha vuelto indispensable para propulsar la eficiencia de las ciudades turísticas en el contexto de una economía mundializada y postindustrial.



[1] David Navarrete Escobedo. “Museos y urbanismo en la ciudad turística: Centro Pompidou, Quai Branly y Fundación Vuitton en París como casos de estudio.” Arte y Ciudad: Revista de Investigación, Nº 11, 2017. págs. 157-184


Centro Pompidou, París, Francia




[1] David Navarrete Escobedo. “Museos y urbanismo en la ciudad turística: Centro Pompidou, Quai Branly y Fundación Vuitton en París como casos de estudio.” Arte y Ciudad: Revista de Investigación, Nº 11, 2017. págs. 157-184

El retrato


El retrato

Expo: “Vaticano, de San Pedro a Francisco”



Nuestro texto de hoy trata sobre el cambio que ha experimentado el retrato a lo largo de los años. Dicho tema nos pareció curioso de investigar tras haber ido a la exposición actual en el colegio Antiguo de San Idelfonso: “Vaticano, de San Pedro a Francisco”, preguntándonos: ¿qué relación podría tener con algún tema de arte contemporáneo? La exposición nos muestra muchos objetos litúrgicos, esculturas y muchas pinturas, entre ellas algunas representaciones de diferentes figuras eclesiásticas. Dichas obras, entre ellas los retratos, tienen una gran cantidad de carga simbólica y cierto aire de poder.

Es importante comprender que antes de que existiera la fotografía, el retrato era la representación mas fiel de la realidad del rostro.  Aunque claro que en ciertas épocas se realizaron retratos más idealizados que otros.  Aun así, el retrato fue casi imprescindible en la sociedad, buscando explicar, expresar y representar la identidad de un individuo o conjunto de individuos desde diferentes planteamientos.

Podríamos partir de los orígenes del retrato; desde la prehistoria, Egipto, Grecia, Roma, etc., pero nuestro interés, ligado a la exposición antes mencionada y al arte contemporáneo, nos coloca en los comienzos del cristianismo. Se había iniciado un largo periodo de rechazo al retrato por considerarse una manifestación de la vanidad del ser humano y porque implicaba el riesgo de la adoración a una imagen. Aunque sólo la alta jerarquía civil: reyes y emperadores; y religiosa: papas y obispos, seguían manteniendo retratos, aunque, con parecidos dudosos.

A partir del siglo XVI, los retratos cobran mayor importancia. Podrían servir a modo de regalo, documentar el abolengo familiar, establecer relaciones matrimoniales o, simplemente, convertirse en un motivo de orgullo personal para el retratado. Se llegan a agrupar en galerías de retratos, tanto para intentar recoger el historial de una familia, como para mostrar las colecciones como símbolo de poder social. En esta época aparecen los marchantes de arte y los galeristas, que además de favorecer el mercado del arte, entendido desde piezas arqueológicas de la antigüedad a las más avanzadas manifestaciones pictóricas, y en especial del retrato, protegen a los pintores de problemas que les facilitan su mecenazgo.

Posteriormente, Velázquez comienza un tipo de retrato cada vez más impresionista, reduciendo al mínimo los trazos y creando la sensación de detalle en encajes, cabellos y bordados con pinceladas fluidas y cargadas de materia. Ejemplo: Diego Velázquez (Sevilla 1599-1660), retrato de Inocencio X, 1650. Oleo sobre lienzo. Galería Doria Pamphili, Roma.

En el siglo XIX hubo una enorme producción de retratos, debido a que los burgueses aspiraban a los privilegios de la realeza y nobleza y, por tanto, pretendían ser igualmente inmortalizados. Sin embargo, el impresionismo dejó de atender a los valores psicológicos del retrato, la fotografía sustituyó en parte la capacidad de inmortalizar de la pintura y las nuevas tendencias convertirán el retrato figurativo en líneas y colores, alejados de la propia representación del ser humano. Goya En España e Ingres en Francia, fueron capaces de plantear retratos de profunda carga psicológica.

Los postimpresionistas como Cézanne, Gauguin, Van Gogh, llevan al extremo la concepción del retrato. En pleno siglo XX, con la libertad casi absoluta de los artistas, dejan atrás las condiciones artísticas desde el punto de vista religioso, político o social. Para Picasso, la figura humana no era más que el soporte para una especulación y experimentación plástica. Los críticos han dicho que en las vanguardias ya no es verdaderamente posible hablar del retrato. Robert Rosemblum dice lo siguiente al respecto: “El retrato parecía recular hacia un pasado hacia mucho revolucionado, constituyendo un género evocador para ricos y vanos mecenas, así como propio de artistas que habían elegido la vía comercial en vez de la virtud estética”.[1]

Y es que verdaderamente el arte sufre un cambio radical, ¿Cómo se vería una obra de la representación de un Papa alado de la obra de: “la raya verde” de Matisse?. En el fauvismo los personajes son representados por figuras carentes de cualquier ilusión de profundidad o volumen, en superficies planas, prescindiendo de claroscuro y delimitadas por gruesas líneas. Y así, cada vanguardia tiene su propio estilo que se refleja en los retratos. Para adentrarse más al tema, recomiendo la tesis doctoral de Javier Palacios Rodríguez, titulada: “El género del retrato más allá de la captación de la identidad. Representaciones del rostro en la pintura contemporánea: antecedentes y contexto actual”. Dejo el link para su descarga: https://riunet.upv.es/handle/10251/62165

La exposición del Vaticano, sin duda, contiene una gran cantidad de obras dignas de admirar. Pero confesamos que, tras adentrarnos en el estudio del arte contemporáneo, sentimos cierta carencia de provocación por parte de las obras vistas. Sentimos que fue un viaje a un pasado remoto, donde era más importante conocer sobre la historia de los personajes representados, que experimentar algún tipo de sentimiento en nosotros mismos. 



Diego Velázquez (Sevilla 1599-1660), retrato de Inocencio X, 1650. Oleo sobre lienzo. Galería Doria Pamphili, Roma
Henri Matisse – “La raya verde” (1905, óleo sobre lienzo, 42 x 32 cm, Museo Nacional de Arte, Copenhague)




[1] Palacios Rodríguez, J. (2016). El género del retrato más allá de la captación de la identidad. Representaciones del rostro en la pintura contemporánea: antecedentes y contexto actual [Tesis doctoral no publicada]. Universitat Politècnica de València. doi:10.4995/Thesis/10251/62165.

Museo de Orsay. Revista Atticus



El Museo de Orsay
Revista Atticus

La ciudad de Paris es sin duda un museo al aire libre, pero a su vez, consta de una gran cantidad de museos dignos de conocer. El museo del Louvre es el museo principal, además le da cierto grado de identidad a la bella ciudad. Sin embargo, el museo de Orsay no se queda atrás; cuenta con una rica colección de obras que vale la pena ir a admirar.

En 1973, la Dirección de Museos de Francia tenía en perspectiva el establecimiento de un museo, en el cual se alojarían todas las obras de la segunda mitad del siglo XIX, sirviendo como puente entre las colecciones clásicas del arte expuestas en el Museo del Louvre y las colecciones modernas del Pompiduo. El museo de Orsay abrió sus puertas el 1 de diciembre de 1986. Una gran cantidad de obras se encuentran dispuestas a lo largo de la gran nave central, un espacio que recibe la luz de forma natural procedente de la gran cúpula que cubre el edificio.

Existe una gran cantidad de temas a abordar en torno a este museo y las obras que alberga, por lo cual quisiera recomendar la revista llamada: Atticus, la cual publica continuamente artículos en torno al museo: su historia; la historia de sus pinturas; la historia de sus esculturas; información de obras especificas; información de autores específicos; entre otros. Para mayor información dejo el link al sitio web: http://revistaatticus.es/old/Revistas/Museo_de_Orsay.pdf

En él están varias de las obras vistas en clase de Arte Contemporáneo, como lo son: “El entierro de Ornans” (1849) y “El taller del pintor” (1855) de Courbert; “EL Ángelus” (1858) de Millet; “El desayuno en la hierba” (1863) y “Olympia” (1863) de Manet; “Les coquelicots” (1873), “La estación de Saint-Lazare” (1877) de Monet; y muchas más de artistas como: Sisley, Pizarro, Degas, Renoir, entre otros.

En esta ocasión, nos interesa describir brevemente el papel que tuvieron las mujeres en ese momento de revolución artística, ya que hoy en día la presencia de la mujer artista es igual de importante que la del hombre, aunque sabemos que no siempre fue así. No es hasta la Alta Edad Media cuando se dio una obra de arte firmada por una mujer, y en el siglo XV la pintora italiana Artemisia Gentileschi destacó entre sus contemporáneos. Existió la presencia de la mujer en el movimiento impresionista, pero por mucho tiempo fue casi ignorada por los críticos del arte y no todos los hombres artistas las consideraban como iguales. Son cuatro las mujeres consideradas impresionistas: Berthe Morisot (1841-1895), Mary Cassatt (1844-1926), Eva Gonzales (1849-1833) y Marie Bracquemond (1840-1916).

En la segunda mitad del siglo XIX la Academia de Bellas Artes decide aceptar a las mujeres alumnas, pero sin poder asistir a las clases de desnudo. La llegada del siglo XX altera el panorama artístico. El acceso a las mujeres a las academias, a los concursos e incluso a las clases de desnudo se vuelve libre, aunque los perjuicios siguieron presentes en la sociedad.


Podemos decir que es necesaria una visita a Paris para conocer las obras antes mencionadas y muchas más, pero no es necesario ir tan lejos para acercarnos a otras de sus obras. El museo Soumaya en la ciudad de México alberga una gran cantidad de obras de los artistas mencionados, tanto hombres como mujeres. Así que no tenemos excusa para admirar el arte contemporáneo.



“El Ángelus” (1858) de Millet

“El entierro de Ornans” (1849) Courbet

“El desayuno en la hierba” (1863) Manet

Los Miserables. Más que un musical



Los miserables

Más que un musical



¿Quién no ha oído hablar sobre la famosa novela de Víctor Hugo: los miserables? Es fácil conocerla porque se han hecho diversas adaptaciones desde su publicación en 1862. Esta pequeña reflexión gira en torno a la adaptación musical que se está presentando en México (teatro Telcel) actualmente. Cantando la epopeya trágica de Jean Valdjean; la novela se centra en la tragedia de los más desdichados, en los miserables, que alentado por jóvenes revolucionarios luchan por la libertad, igualdad y fraternidad.  Pero más allá de admirar la excelente escenografía acompañada de maravillosas voces y grandes actores, resulta oportuno apreciar la historia de la Francia que narra la novela, eso sin restarle importancia a los otros aspectos antes mencionados. 

Apenas veinte meses después de la revolución de julio de 1830, se animaba al pueblo a volver a las barricadas. Las clases menos favorecidas se veían afectadas por la escasez de alimentos, malas cosechas, y aumentos en el costo de vida en general. En Paris existían barrios míseros en donde abundaba la enfermedad por la falta de limpieza en las calles, la escasez de aseo en las casas y la falta de ventilación, entre otras cosas. Se exigía la defensa de los derechos humanos y la mejora de la calidad urbanística de la ciudad. Carmen González que: Víctor Hugo debió de inspirarse, para sus revolucionarios, en los carbonarios franceses y en la Société des droits de l’Homme creada a principios de los años 30. Esas asociaciones eran secretas e ilegales, tenían como objetivo derrocar a la monarquía, estaban formadas por trabajadores y estudiantes, y admiraban a Lafayette (La Fayette). [1]De igual modo, destaca la importancia del color rojo; pues la bandera roja se había convertido en el símbolo de la rebelión y de las aspiraciones revolucionarias, como lo había sido en época romana, cuando los esclavos intentaban realizar rebeliones populares. Victor Hugo describe en su obra que la bandera iluminaba como linterna ante la obscuridad.

Ahora bien, en el musical también hay un gran énfasis a la barricada. La alusión a dicho aspecto podría hacer alusión a la representada en el cuadro de Delacroix: la libertad guiando al pueblo. Pintada tras las jordanas de las Tres Gloriosas de 1830. Diferentes artistas manifestaron su deseo por acabar con la política del antiguo régimen y con los gobiernos absolutistas pintando y grabando las revueltas de Viena, Berlín, Praga, Milán y otras. Ejemplo de otra obra es: “la barricada en la calle Soufflot” por Horace Vernet, en la cual se aprecia la bandera roja y a los jóvenes que mueren defendiendo la libertad.

Podríamos detenernos a analizar una gran cantidad de obras, pero no podemos olvidar al grandioso artista Jacques-Louis David, que comenzó a representar la palabra del pueblo. Resulta maravilloso que hoy en día podamos apreciar este tipo de expresiones y que la piel se nos ponga chinita. Ya sea un cuadro, un libro, una película o una obra de teatro, debemos de buscar el continuo contacto con las expresiones que encienden nuestra alma.


1848 Barricada en la calle Soufflot, Horace Vernet.

                                   1830 Eugéne Delacroix La Libertad guiando al Pueblo




[1] Carmen Milagros González Chávez. “Escenarios para una revolución. El París insurrecto en «Los Miserables» de Víctor Hugo y Tom Hooper.” Revista Latente: Revista de Historia y Estética del Audiovisual, ISSN 1697-459X, Nº. 10, 2012, págs. 31-46.

Vlaminck, la expresión del color


Exposición temporal Museo Soumaya:
“Vlaminck, la expresión del color”

Maurice de Vlaminck nació en Paris el 4 de abril de 1876. Junto con Derain y Matisse fue una de las tres figuras fundamentales del fauvismo, aunque según la revista Descubre el arte; Vlaminck fue el más salvaje de los fauves, permaneciendo en Chatou y pintando en solitario paisajes vertiginosos de colores saturados.

En el museo Soymaya se pueden apreciar muchas de sus obras y en ellas confirmamos lo que el artista mismo expresó: compuse a partir del instinto[1].

Los fauvistas comenzaron a experimentar con los colores puros y las pinceladas expresivas de la pintura de Van Gogh, Gauguin y Cézanne que todos conocían gracias a las galerías más atrevidas de París. Vlaminck exhibió por primera vez en 1904 y un año después, para la tercera emisión del Salón de Otoño, se reunieron en la sala VII del Grand Palais: Matisse, Manguin, Derain, Marquet y Vlaminck.

A pesar de las críticas, el movimiento permaneció, aunque los artistas no permanecieron en contacto, ya que realmente nunca se había formado un grupo. Los unía su salvaje forma de aplicar colores brillantes, pero no tenían una línea particular, ni ideales por representar.  El fauvismo, más que un movimiento definido, fue una expresión en la que cada pintor plasmaba su experiencia personal, uniéndolos el aspecto del rechazo por las reglas y los métodos racionales establecidos. Reaccionaron contra el impresionismo por haberle otorgado mayor importancia a la luz, costándoles la pérdida del color.

Después de su etapa fauve, comenzó su devoción por Paul Cézanne que se vio reflejada en su trabajo, al retomar los contornos oscuros y los tonos verdosos y ocres. Tras la primera guerra mundial, oscureció su paleta. La revolución industrial provocó su náusea por el urbanismo y lo impulsó a alejarse de las grandes ciudades.

Su paleta estaba limitada a los colores puros tal como salían del tubo; cargó los lienzos de empastes marcados por la espátula, los tubos de pintura y las huellas de sus dedos. En su pintura se aprecian trazos exasperados y tensión continua de oscuros profundos y blancos intensos.

Esta exposición nos muestra la visión del siglo XX, artistas libres de todo vinculo de esclavitud civil, como lo consta Vlaminck con sus palabras: Buscaba expresar mis sentimientos sin que me interesara cómo hubiera sido la pintura antes de mí [2]. Algo nuevo que hubiera sido inconcebible antes, sobre todo en la época del renacimiento o desde el reciente estilo artístico llamado: neoclásico, que retomaba las bases del arte antiguo greco-romano. Quien diría que aquellas obras que fueron tan criticadas en su momento hoy son de las más demandadas y apreciadas por el público, pues son un goce y un deleite para nuestros ojos. 

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Vlaminck Restaurante en Marly-le-Roi 1905





[1] Vlaminck, la expresión del color. Revista Mensual Museo Souyama. Abril 2018.
[2] Vlaminck, la expresión del color. Revista Mensual Museo Souyama. Abril 2018. Pág. 17