Wouldn´t It Be Great To Eat Art?

Eduardo Navarro sirvió sopa de arte en Nueva York.

Del 6 al 22 del presente mes, el artista argentino Eduarno Navarro, cocinó arte comestible en el Drawing Center de Nueva York.  Sus últimos dibujos inspirados en física cuántica, son totalmente comestibles, y para quienes lo visitaron en la noche durante esos días,  Navarro les prepararó algunas de estas obras con sopa de vegetales. 



"La idea es consumir imágenes - no destruirlas, sino consumirlas en tu propio metabolismo de tal forma que no haya distancia entre el arte y el espectador. Se convierten en uno solo" - explicó Eduardo Navarro a artnet News.

Esta no es la primera vez que Navarro combina su cocina y su arte, y los dibujos los realiza en papel comestible y tinta de Sharpies también comestible,  utilizados generalmente, en pastelería.

Museo del Estanquillo

Museo del Estanquillo, CDMX
 
Nada sofisticado, simple, profundo, y dicen que así era Carlos Monsiváis.
 
Exposición de miniaturas y marionetas.
 
 
 














Genius: Picasso

Aquí una nueva serie producida por Brian Grazer y dirigida por Ron Howard (ambos ganadores de un Óscar por la película Una mente maravillosa, 2002). Los protagonistas son Antonio Banderas y Alex Rich (ambos personifican a Picasso). La serie consta de 10 episodios que narra la vida del artista. 



"Vamos a ver un Pablo controvertido en su vida personal, enorme en su vida artística. Un Picasso luchador en la época jóven [interpretado por Alex Rich], bohemio, enamorado de la vida, conociendo el mundo de la mujer, del sexo, del París de la época, absolutamente explorador, distinto a lo que él había conocido en una España decimonónica, antigua. Y el Picasso que yo interpreto es un hombre con ansias de vivir todo, y de quererlo todo, todo el tiempo, de no abandonar y de no matar al niño que lleva dentro. Con curiosidad casi enfermiza por las cosas y por la innovación. Él decía, 'los cuadros me salen demasiado balanceados y demasiado bonitos, y odio lo bonito'. Solamente me gusta lo bueno. Y los manchaba, y los desbalanceaba. Estaba continuamente tratando de buscarle los tres pies al gato."
                   Antonio Banderas

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=knbNwQog4Ro


Estreno: Sábado 28 de abril (por Fox, FoxLife o National Geographic) - 8 p.m. (1er episodio) y 9 p.m. (2do episodio)

Hesperus


Hesperus


La posibilidad de que existan poetas y escritores como Jean Paul, es sólo porque pierden piso, se encuentran en la frontera entre la realidad y el sueño, pero sólo como un sueño onírico-vivo, una vida que se convierte sólo en una realidad que funciona a partir de símbolos, donde pensar al mundo fuera de la metáfora es no pensar a al mundo, sino que simplemente se contemplaría la realidad.


Escribir sobre un mundo así y describirlo, lleva a la creación de una nueva imaginación de mundos que sólo son pensables y pensado en la fantasía, en el sueño y en la alucinación, el hombre se encuentra subsumido a las verdades del mundo, que no son más que sombras que invaden nuestro mundo, pero que son iluminadas en el sueño, en la nueva creación, en la creación poética.

Dios es el garante de la felicidad y del terror, es aquél que todo lo mira, que provee, pero asusta, que quita aquello que no se puede esperar, la muerte señala un miedo para Jean Paul que no le permite más que aterrorizarse, paralizarse, pero asombrarse, no queda más razón en el mundo que la simple tendencia a la muerte, una muerte anunciada, pero que simplemente todavía no llega.


También queda configurado y comprendido como un yo, único, universal y capaz de serse sólo por y para sí mismo; no depende más que se sí, da miedo el hacerse responsable de uno mismo, por eso dice que se echó a temblar en cuanto realizo que de hecho el era un yo, un yo real que estaba allí y que podía dejar de ser yo.

Otro problema existente es el alcohol y otros alucinógenos, ya que provocan un existencialismo en una mayor medida, dan cuenta de la forma en la que Jean Paul no puede más que serse desde otro, desde un objeto que lo pone frente a sí, que lo lleva a un sueño perpetuo, lo marca entre un ateísmo y un teísmo extraño.


Los sueños se vuelven representaciones que nutren a nuestra realidad y no ya, como había pensado Séneca y, posterior a Jean Paul, Freud, que lo sueños son aquellas representaciones de la vida inconsciente, pero que se hace consciente en el momento en que sale en el sueño.

De ello se sigue que la inspiración del artista, que la apreciación del esteta, sólo pueda ser configurada a partir de la existencia de los sueños, de la realidad disfrazada por el mundo onírico que lo llevaba a la infancia, le recordaba quien no era, pero quien sí pretendía ser.


Queda muy vaga la comprensión estética de Jean Paul, sólo a partir de estupefacientes no podemos explicar una obra estética, sino que se necesita de una fuerza mayor, una necesidad de velar por una realidad que no sólo se encuentre allí, sino que, aunque esté repleta de elementos del mundo onírico, de las alucinaciones, entre otros factores “no normales”, sí, al menos, tengamos la capacidad de poder distinguir entre lo que es parte de una realidad y cuales partes son del sueño.


La comprensión, inclusive, queda recatada a lo que en la vida despierta nos quiere decir, pero no a lo que los sueños dormidos realmente significan, entonces ¿dónde queda la diferencia entre el ensueño y el sueño?

Bibliografía


Beguin, Albert. El alma romántica y el sueño. Bogotá: FCE, 1994.

El arte en el romanticismo

El arte en el romanticismo

Durante el romanticismo, se tenía la concepción de que sólo se debía de dar juego a la libre interpretación de la imaginación para poder crear una obra de arte, eso era lo que permitía que se hiciera arte y no sólo algún tipo de canon que imperara sobre los demás en tanto que se imitara a la naturaleza, de hecho, imitarla no correspondía a un buen artista, lo que sí era parte de éste, era la necesidad de entender a la naturaleza, penetrarla y jugar con ella, dejarse fluir en el cuadro.

Dice Schelling que el arte ha dejado de ser sólo parte de la conciencia, mismo tema que ya Kant nos había informado, sin embargo, nos confirma y amplía la noción de que sólo gracias a que tenemos un estado consciente de la naturaleza y del arte es que podemos remitirnos a lo inconsciente, mismo que nos permite poder expresarnos de la mejor manera, al ser un libre juego, en el arte.


La naturaleza sólo sirve como punto de partida, pero no como la base ni como el medio, se puede regresar a ella, pero sólo como el fin, por lo que la tarea del artista queda en emular al espíritu de lo natural, compenetrándolo y superándolo para poder llegar así a algo bueno, nuevo y verdadero.

En la pintura, al ser algo que supera a la naturaleza, se debe de mostrar un arquetipo, un absoluto, y así como en la filosofía el absoluto son las verdades, en el arte es la belleza, una belleza que sólo se muestra a partir de que es un principio verdadero y necesario.

Lo absoluto debemos de entenderlo no como la idea, sino como lo único y universal que se encuentra en la nueva obra de arte y que permita dar cuenta de lo que en verdad se quiere representar.

Tras su infinitud absoluta y verdadera, Schlegel propone que la obra de arte
siempre va a quedar oscura, aunque su tarea sea la de dar a entender algo en general, no lo puede llegar a encerrar o al menos no al concepto que buscaría dar a entender y queda así abierta a la infinitud de entendimientos, a la absoluta comprensión desde sí misma y, parece ser, que sólo para sí misma; la poesía, logra dar a conocer a partir del lenguaje, mismo que no es parte de la naturaleza sino del espíritu humano –dice éste autor aunque yo no estaría tan de acuerdo ya que el hombre también tiene su parte natural y lo natural es a su vez lenguaje– por lo que en la poesía se forma lo ya formado y no ya algo nuevo.

Así, la poesía se configura como lo más alto a lo que puede aspirar el hombre, se configura desde él y sólo a partir de él para poder llegar a la re-formulación de aquellas configuraciones artísticas que se re-configuran cada vez que se dicen, se alejan de sí mismas para regresar a sí mismas, a aquel océano que contiene todas y cada una de las obras.

Finalmente, podemos llegar a Hegel, con quien sólo podemos dar cuenta de la estética a partir de una representación hecha a base de la simbólica que se encuentra presente en todas y cada una de las obras de arte; el símbolo es una expresión de sentido más amplio de que lo que en realidad se muestra, por lo tanto es también más universal.

El símbolo es también un signo que indica al sentido que se pretende describir, pero sólo cabe concebir que el símbolo se haga signo, ya que cuando sucede al revés, las significaciones no quedan totalmente abarcadas, el signo queda sólo como aparecido y el símbolo queda mal trecho.

Finalmente, el símbolo debe de abarcar a su signo y superarlo, contener en él mucho más significado que la propia expresión de signo para que pueda seguir conteniendo todas y cada una de las notas que lo hacen ser una obra de arte; el símbolo así configurado se ve como ambivalente en tanto que:

a)    La imagen se puede configurar como un símbolo o puede no hacerlo, pero sólo se queda en esa posibilidad.

b)    El símbolo sólo se puede explicar a partir del contexto en el cual se encuentra.


A mi parecer el arte del renacimiento se queda corto en su propia teoría, le falta aterrizar un poco sus nociones de absoluto y por lo tanto de simbolización, mismos que permitirían una mejor explicación a la obra de arte y no una sola necesidad de hablar de la obra de arte a partir de que el signo exprese correctamente su símbolo y por ende el significado que tiene.

Bibliografía
Arnaldo, Javier. Fragmentos para una teoría romántica del arte. Madrid: Tecnos, 1987.

Mother and Sun: una película hecha arte


Mother and Son

El poder de los hombres lo podemos encontrar en todo lo que hacemos, pero cuando se muestra en el cariño de un hijo hacia su madre moribunda, no hay más que decir “gracias” por permitirnos ver que si hay una humanidad capaz de responder por sí misma y para con los demás.

El mundo sirve como consuelo y como alegría, ya sea para la madre moribunda que promete encontrarse con su hijo a quien le agradece el cariño y la ayuda brindada, pero que también le desdicha por saber que no ha podido crecer como se merece, con amigos con gente y en la compañía de una esposa e hijos.

Ante la inminente muerte, los paisajes sirven como consuelo, como escucha, aquellos que son capaces de guardar el secreto por toda la eternidad, cobijan y consuelan; sirven como la eterna compañía que cualquiera quisiera tener y que, sin embargo, no es conveniente apoyarse en ellos en todo momento.

Una promesa que se cree posible de cumplir y un alivio que surge, la madre yace muerta y el hijo adolorido, descansa en paz, ¿quién, el hijo o la madre?, ambos, la madre por saberse ya con Dios y sin dolor que la lleve a la desesperación de depender de su propio hijo; el hijo por la tranquilidad de que su madre está tranquila, que él podrá ya vivir su propia vida y que no debe de depender de nadie, empezar de nuevo, de nada, para algo, su fin es su propio fin.